Heroína…¡de venta en farmacias!

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Aunque parezca mentira, hubo un tiempo en el que la famosa droga estaba bajo la titularidad de la aún más famosa Bayer (sí, sí, la de la Aspirina),se vendía sin receta en boticas y por supuesto, todo de manera legal.

De cuando el remedio es peor que la enfermedad: el opio y la morfina

Durante el siglo XVII, a las clases sociales más altas les gustaba ponerse hasta las orejas de vinos de láudano (un bálsamo a base de opio), para tratar sus fuertes jaquecas de vida ociosa y despreocupada. Era una medicina que se usaba casi exclusivamente en las altas esferas porque debido a su mal sabor, a menudo se mezclaba con ingredientes de elevado coste como el azafrán, la canela o el clavo, que incrementaban el precio del ya carísimo opio.

En el siglo XVIII, empezó a aumentar la entrada de opio en Occidente. Los laúdanos empezaron a venderse como remedio para todo en las antiguas boticas y el acceso se hizo prácticamente libre. Por si fuera poco,  se puso de moda fumar opio para fines no tan médicos y sí más lúdicos, ya me entendéis:

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Pronto se vio que el poder adictivo del opio era catastrófico, por lo que se hizo necesaria la búsqueda de alternativas analgésicas. En medio de todo esto surgió la morfina como novedoso analgésico que no causaba dependencia y que tenía mucho potencial en la deshabituación al opio. Y así fue, los enganchados al opio pasaron inmediatamente a estarlo de la morfina y para cuando se descubrió que no era tan inocua y  que era incluso peor, los adictos se habían extendido por todo Occidente. 

La diacetilmorfina y Bayer

Y mientras la morfina hacia estragos por toda Europa, el químico inglés C.R Wright sintetizó un nuevo compuesto a partir de la misma: la diacetilmorfina. Este fármaco fue comprado por la farmacéutica Bayer, y en 1898, pocos días después del lanzamiento de la famosa Aspirina, se comercializó con el nombre de Heroína.

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Cuentan las malas lenguas que fueron los propios empleados de Bayer los que probaron en sus propias carnes las bondades del medicamento. Como la primera sensación que tenían al probarla era de que podían hacer cualquier cosa, que eran invencibles y heroicos, decidieron bautizarla con el nombre de Heroína: una mezcla entre heroisch (heroico en alemán) y  el sufijo -ina ( medicina).  O eso se cuenta y se rumorea.

Barra libre de heroína

Todos habían oído hablar del nuevo medicamento “sustituto no adictivo de la morfina” y sus bondades como analgésico y para calmar la tos y las vías respiratorias, y no era extraño encontrar publicaciones y revistas médicas alabando las maravillas de la heroína.

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En una época en la que tuberculosis parecía cebarse con la población en general, y con la infantil en particular, un medicamento con semejantes propiedades sobre las vías respiratorias parecía caído del cielo, por lo que en seguida se empezó a recomendar como jarabe infantil para la tos. Para muestra, un botón:

 

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                            – ¡Madre! Le he dicho que me devuelva mi jarabe para la tos.
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                               – En la estación lluviosa o hasta el 40 de mayo, no dejes el “caballo”

Pero  sin duda, las usuarias más fieles a estos medicamentos eran las amas de casa de clase media, que usaban la heroína como analgésico en el síndrome premenstrual. El problema es que a algunas este síndrome les duraba todo el mes, y solían darle algún que otro lingotazo a escondidas.

Como el ser humano es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, la heroína se usó para la deshabituación de la morfina. Y efectivamente, los adictos abandonaban la morfina rápidamente para caer aún más rápido en las redes de la heroína, que era más potente y enganchaba en menos tiempo.

Más vale tarde que nunca

Aunque en un principio se ignoraron las discretas voces que alertaban sobre el poder adictivo de la heroína, en 1913 (¡¡dos décadas después de su comercialización!!), Bayer finalizó su producción de heroína y empezaron a surgir por todo el mundo leyes que restringían la fabricación y consumo de opio y derivados. En 1924, se prohibió totalmente en EEUU y poco a poco esta medida se fue extendiendo por Europa. En España,  que siempre fuimos un poco por libre en todo y en esto no íbamos a ser menos, no se prohibió hasta 1931. Antes de esto, podía conseguirse en farmacias por precios inferiores a los de la carne.

La prohibición supuso el inicio de la producción y distribución en los mercados ilegales. Los estragos de la heroína en los años 70, 80 y parte de los 90 los conocemos todos. Una lacra que sin pretenderlo empezó Bayer (aunque muy astutamente ha sabido dejarlo en una simple anécdota) y que a estas alturas del partido no hemos sabido erradicar.

Lo que yo ahora me pregunto es qué pensarían los doctores y boticarios de la época si levantaran la cabeza.

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